Crónicas de mujeres del siglo XXI

No todas llegamos a casa

Por: Daniela Ramírez Estrella*

Me despierto justo antes de que el sol se asome en el cielo, es viernes lo que significa que tengo que ir a la universidad. Después de bañarme busco en mis cajones la ropa que más me cubra, encuentro mi falda favorita pero rápidamente descarto la idea de usarla pensando en aquella vez que tuve que aguantar más miradas de lo usual por salir con ella.

Una vez lista me despido de mi familia y comienzo la rutina de todos los días: me amarro bien mis tenis por si tengo que correr, mando mi ubicación en vivo a mis papás, guardo bien todas mis cosas, pero siempre teniendo a la mano dinero para el pasaje y un llavero con gas pimienta para finalmente salir de mi casa.

 A pesar de que la parada del camión me queda cerca, no puedo evitar sentir el miedo invadiéndome con cada paso que doy, al ver que hay más mujeres caminando por la avenida me relajo un poco, pero en todo el camino no quito mi mano del gas pimienta que traigo en el bolsillo.

Para mi suerte la combi llega casi de inmediato, subo y suspiro de alivio cuando veo un asiento disponible a lado de un par de señoras. No han pasado ni 5 minutos desde que subí cuando me doy cuenta de que el señor que está sentado frente a mi no deja de observarme, trato de calmarme un poco concentrándome en las publicaciones de Facebook mientras me digo que estoy siendo muy paranoica y exagerada, de todos modos, esta no es ni de cerca la primera vez que me pasa.

Sigo bajando en las publicaciones cuando encuentro un post sobre dos chicas desaparecidas: la mayor de 16 y la más chica de 14, vistas por última vez con uniforme escolar de camino a clases y siento un hueco en mi pecho mientras pienso en mi hermana que pronto tendrá que comenzar a salir sola. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos que por poco no me doy cuenta de que las señoras a mi lado estaban bajando, lo cual me dejaría sola con 3 hombres y el conductor, en cuestión de segundos decidí bajarme con ellas.

Miro a mi alrededor y para mi fortuna me doy cuenta de que estoy a dos cuadras de la universidad, rápidamente le marco a mi mamá para explicarle que me tuve que bajar un poco antes, sé que entiende lo que pasó cuando lo único que me pregunta es si estoy bien, le contesto que sí y que le mandaré mensaje cuando llegue a la universidad. Cuando termino la llamada una de las señoras que venían conmigo en la combi me habla y para mi sorpresa se ofrecen a acompañarme el resto de mi camino. Llegamos a la entrada y les agradezco con un “muchas gracias” ellas solo me sonríen, pero me doy cuenta de su tristeza, entonces comprendo de inmediato. Les vuelvo a agradecer y finalmente entro a la universidad.

Es un día pesado, estudiar ingeniería para una mujer es pesado. No es que me vaya mal, de hecho, siempre he sido excelente académicamente, pero parece que desde que soy estudiante de ingeniería es un suceso sorprendente si yo o alguna de mis compañeras logramos hacer lo mismo que cualquier hombre de la clase. La semana pasada nos asignaron un trabajo en equipo para las evaluaciones finales, a pesar de tener los mismos conocimientos que mis compañeros de proyecto, ellos tenían la necesidad de explicarme cada cosa que hacían e incluso utilizando conceptos más que básicos para una estudiante de sexto semestre, pero eso no es todo, algunos me hablaban con tecnicismos complejos como si quisieran poner a prueba mi conocimiento.

Hoy nos han dado varias calificaciones y me ha ido mejor que a los demás en todas las materias, gracias a esto he tenido que escuchar a lo largo del día teorías e insinuaciones acerca de la razón de mí excelencia académica, cosas que iban desde lo sorprendente que era que una chica haya sido la mejor, o que sólo gracias a mis compañeros de equipo es que tuve buenas calificaciones, hasta comentarios donde insinuaban que yo les hacía favores sexuales a los profesores para tener un promedio excelente. Mientras más escuchaba, más coraje sentía, hablaban de mí como si no estuviera presente, como si fuera inconcebible que una mujer fuese una buena ingeniera, como si la única manera de que una mujer llegue lejos sea a través de venderse sexualmente, al final sólo trato de calmarme recordando que yo sabía que esto iba a pasar cuando escogí estudiar una ingeniería, que sólo estoy exagerando como tantas veces me lo han dicho.

Finalmente es hora de regresar a casa, un par de amigas y yo nos dirigimos a la parada, todas enviamos nuestras ubicaciones a nuestras mamás y a un grupo que tenemos sólo para eso, también me fijo que mi gas pimienta esté a la mano. En el camino ellas hacen planes para la noche, al final deciden que irán a un antro que acaba de abrir hace unas semanas y yo les digo que lo pensaré mientras recuerdo la última vez que salí de antro, era la primera vez que salíamos solo chavas, al principio me estaba divirtiendo con mis 3 amigas hasta que se nos acercó un hombre y nos empezó a incomodar mucho, en ese momento salimos para decidir que hacer y vimos que él venia detrás de nosotras, así que regresamos adentro y volvió a entrar, hicimos esto un par de veces más y confirmamos que nos estaba siguiendo, la paranoia y el miedo de que nos fuera a hacer algo nos invadió a todas así que nos fuimos de ahí.

El transporte de regreso es un poco más seguro, la mayoría de las personas que toman camión a esta hora son mujeres, incluso me doy el lujo de escuchar música con ambos audífonos a un buen volumen y no es hasta que estamos cerca de donde bajo que guardo de nuevo mis audífonos. Caminar a mi casa se siente menos pesado, el miedo sigue ahí pero cada paso que doy recuerdo que estoy a nada de llegar a un lugar seguro. Acelero mi paso mientras me aferro a mi gas pimienta, sin poder soportar ni un momento más mis pensamientos de escenarios imaginarios de lo que me puede pasar y como defenderme.

Cuando por fin entro a mi casa siento alivio al ver a mi mamá y mi hermana, pienso que una vez más todas llegamos a casa, pero esa sensación desaparece en un instante cuando veo sus caras, los ojos hinchados de mi hermana y  una mirada de tristeza profunda de parte de mi mamá. Es evidente que algo malo sucedió, cuando me atrevo a preguntar que pasó, mi hermana corre a abrazarme y con voz quebradiza me cuenta que nadie ha visto a su mejor amiga desde ayer que salieron de la escuela. El miedo constante me invade de golpe de nuevo pero esta vez está mezclado con dolor, un pensamiento cruel pero realista pasa por mi mente: no todas llegamos a casa, nunca llegamos todas a casa.

*Alumna de sexto semestre de Ciencias de la Comunicación

Publicado en Narrativa transmedia, Zona Autónoma.

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