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El ABC del machismo

Por: Hannah Andrade*

Hoy en día contamos con mayor libertad en todas las áreas laborales, sociales e interpersonales. Las tradiciones arraigadas desde hace muchísimo tiempo están cambiando; es decir, el patriarcado ya no se refleja en las decisiones de las mujeres y la conciencia humana es más abierta. Sin embargo, a grandes rasgos podemos confirmar que es un hecho histórico que el papel de la mujer ha cambiado muchísimo en los últimos 100 años, pero aún existe una polarización de roles.

El siguiente escrito tiene el propósito de examinar la historia del feminismo desde la perspectiva familiar, su lenguaje verbal y no verbal, y como la suma de estos factores ha empeorado la situación actual del siglo XXI.

A través de los años, la historia se ha encargado de dictaminar un patrón persistente. Desde la concepción, los géneros -femenino y masculino- adquieren la responsabilidad de buscar sus propios ideales y valores. No obstante, nos encontramos en un sistema lleno de soberbia y doble moral, provocando problemas en el auto reconocimiento.

«Se mueve en la escena del mundo occidental una mujer que conquistó el poder de disponer de sí misma, de decidir sobre su cuerpo y su fecundidad, el derecho al conocimiento y a desempeñar cualquier actividad» [1]

Desde mi propia experiencia he observado la mayor parte del tiempo como las mujeres se encuentran en un espacio de culpa, hay poco avance dentro de la psicología femenina, debido a que desde la antigüedad les ha enseñado a las mujeres que solo sirven para estar en la casa, servir al hombre y ser una máquina sexual ilimitada.

Ahora bien, todo lo relacionado con los estudios, la superación personal y las libertades laborales se han referido a los hombres.

Se ha normalizado el escuchar “el hombre tiene más capacidad que la mujer”, “es el doble su paga debido a la carga de responsabilidades” entre otras cosas. Y claro, es cierto que la fuerza y el poder son el emblema más grande al momento de describirle frente a la sociedad, pero ha cobrado un costo alto y todavía continúa pagándose. ¿Deberíamos cuestionarnos las diferencias de géneros o filtrar las cualidades positivas en un tablero de humo?

El origen

El machismo engloba muchos factores socioeconómicos, por lo tanto, es muy difícil centrarlo en una variable, pero las mujeres lo entienden mejor que nadie. Ante todo, es un fenómeno social que se ha arraigado desde hace mucho tiempo, las mujeres no sólo padecen el maltrato físico también esta lo verbal y lo no verbal. La mayoría trata de justificarlo con “es normal”, “no te preocupes, solo espera un tiempo y se calma –soltando una carcajada-”. Sin darnos cuenta, estas frases que se toman como humor, puede caer en la línea invisible de abuso psicológico, es lo que se denomina «micromachismos», que a largo plazo afectan en el estilo de vida y las relaciones entre mujeres y hombres. ¿Dónde comenzó la raíz de esto?

Sin más, no es novedad posicionar al hombre en la cabeza del todopoderoso. El machismo ha existido desde el estado arcaico, en la antigua Grecia era una forma básica de organización familiar. Sus funciones y conductas correctas fueron formando parte de una construcción social mundial. La sexualidad de la mujer se veía como una servicio de gestación, incluso para los trueques, el modo de pago era la mujer, con el fin de crear alianzas matrimoniales y comunidades llenas de niños. En las primeras sociedades, su uso era exclusivo para la esclavitud y el sexismo, estas prestaciones entre ellos dieron inicio al racismo y la opresión de la mujer dentro de la clase social.

Poco a poco el hombre fue domando terreno apropiándose de los productos de alto valor, mientras que el valor de la mujer se fue cosificando como un objeto preciado para el status quo. No importaba cuán explotadas eran por el hombre, ni el abuso psicológico que provocaban. Así históricamente  la división del trabajo se ha basado en la opresión y dominación por parte del género masculino. Esto dio paso como consecuencia a lo que conocemos hoy en día.

Por otro lado, lo mismo sucede en la etapa del ser humano, al niño se le enseña a ser un hombre, evitar el sentimentalismo y ser dominante a toda costa mientras que  la mujer debe ser educada, participativa en las cosas del hogar y  servicial. En esta etapa es fundamental la instrucción de los padres, ya que de manera sistemática van absorbiendo las conductas y las ideas.  Culturalmente a los hombres se les ha enseñado a ocultar sus sentimientos.

«Cuando una mujer llora o habla, el cerebro masculino tiene cierta dificultad para entender por qué. Por otro lado, hay que decir que en ciertos contextos o momentos se fomentó esa ñoñez como un signo de femineidad (….)»[2]

Los hombres son aquella «pieza de carne» que todas debemos desear sin mostrar un esfuerzo, inclusive hay peleas por quién se queda con quién, causando problemas entre el mismo género. Toda la atención se ha englobado en los hombres como piezas de ajedrez, es decir, la mujer tiende a moverse de manera estratégica -arreglarse todos los días, limpiar la casa, cocinar variado- con el fin de que la atención hacia ella nunca se acabe. ¿Realmente es un estilo de vida sano?

Esto se debe por la regularización del sistema patriarcal, no se puede cuestionar de manera inmediata pero  sin darnos cuenta ya lo estamos haciendo de manera inconsciente. Una mirada a algunas actitudes de mujeres en internet, nos muestran que el modelo de ama de casa que sirve al marido, sigue siendo vigente:

«Amas de casa de nuestra generación que están felices de someterse, cuidar su hogar y malcriar a su esposo como si fuera 1959».[3]

En términos históricos, desde la Biblia, la familia está constituida con un padre, el trabajador que provee la economía del hogar, la madre como el ama de casa y el/la niño/a que aprende las tradiciones de la familia para las futuras generaciones. Pero, como es el panorama si la mujer no quiere ser ama de casa o madre y tiene el deseo de ser más que eso. Esa es la revolución feminista que se ha ido gestando desde hace más de 100 años.

Estas ideas se reflejan en los medios de comunicación como un mensaje clave para el consumo de los productos, y … funcionaron. Las numerosas campañas de publicidad nos vendieron el rol del ama de casa, la nana de los hijos, la madre irritable y la suegra que no soportan como personaje secundario. Desde la creación de la televisión se ha popularizado en todos lados el hombre pulcro, sin estándar de belleza, por ejemplo, el sector de perfume y los productos de cuidado personal, transmiten la riqueza y el éxito con solo un rociarse el producto.

Casi todos los programas publicidad dan por sentado al hombre como un personaje de alto rango que brilla, exitoso, mientras tanto la mujer debe mostrar su lado sexy para acaparar todos los anuncios y recibir el pago de las ventas. Tanto en la publicidad, como en el estilo de vida, nos demuestra que la división aún está marcada y sigue vigente. ¿Por qué la imagen de la mujer más rentada es usando el rol del sexismo o de ama de casa?

La oferta de bienes de los años 50’s era  un consumo masivo, el boom de los electrodomésticos también llamado “la edad de oro”. En esa época, el consumo era el punto principal para las ventas. Sus características en cuanto al uso de la imagen de la mujer se fueron adaptando en los posters. Pero el contexto aún continua por el poder el patriarcado.

La mayoría de los anuncios vendían el producto y a la mujer. Esto fue la clave principal para llegar a los mercados. A partir de aquí, se empezó a crear el papel de la esposa perfecta, elegante y sofisticada. El modelo perfecto del concepto “familia”.

Un variado mosaico con diez electrodomésticos del hogar destaca en un anuncio de la marca Dormeyer de los años cincuenta: «Esposas: Observad este anuncio con detenimiento. Señalad los productos que deseáis para estas Navidades. Enseñádselo a vuestros maridos. Si no van inmediatamente a la tienda, llorad un poco. No mucho, sólo un poco. Irán, irán. Maridos: Observad este anuncio con detenimiento. Apuntad lo que vuestra esposa quiere. Id a comprarlo antes de que ella empiece a llorar». El catálogo de los productos, una colección de los electrodomésticos imprescindibles para acceder a la clase media de la época simbolizaba toda una ideología del progreso a precios democráticos.[4]

Los valores que transmitió la publicidad los 50’s fueron más allá del molde, y se arraigaron en la cultura moderna, es decir, se convirtió una necesidad socioeconómica. Es el reflejo de estilo de vida de la sociedad capitalista de la posguerra y la industrialización hasta fines del siglo XX.

La remuneración laboral está por debajo de la de los hombres en comparación a otros países. En el 2019 del sector femenino solo el 45% obtenía el mismo salario, mientras que el 77%  por parte de los hombres es superior. La superioridad aún está presente en el siglo XXI.

Se ha privilegiado que el ama de casa se dedique a venerar al hombre día y noche, cocinarle el desayuno, comida y cena sin importar el esfuerzo que ha hecho fuera de la cocina. Es común escuchar de parte de señoras de los 40 en adelante “Es normal, así fue educado y no lo podemos cambiar…”

Hace mucho una compañera me contó cómo era su día a día:

“Es difícil, no poder contar la realidad que sobrellevas todos los días con terceras personas. Es horrible escuchar cómo mi padre pone peros a la comidas, llena de críticas y pone mayor peso a su trabajo. Una de las frases que más escucho todos los días es “Solo te la pasas en la casa sin hacer nada”.

No solo está el ataque verbal hacia las mujeres, también está el no verbal. Éste consiste en negar la libertad a través del lenguaje corporal como son la mirada fija, los brazos reclinados en el sillón como signo de poder, entre otras. Todas estas acciones tienen un solo fin: imponer la superioridad masculina.

Rocío Gómez Hermoso, psicóloga forense en los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria de Madrid y del Tribunal Penal Internacional de la Haya, ha subrayado que la agresión sexual en la pareja se ha visibilizado muy tarde, porque no era fácil para una mujer contar lo que ocurría dentro de su matrimonio o relación, y que sus consecuencias van mucho más allá que un golpe o un insulto.[5]

La violencia familiar

El silencio es uno de los mayores problemas que tienen todas las parejas, incluso los niños por parte de su familia. La violencia es una realidad que ha aumentado, especialmente en tiempos de crisis -como lo es actualmente-. El encierro, el estrés de lo que pasará mañana, son factores de situaciones difíciles.

Durante la pandemia, de acuerdo al Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública tuvieron 170,951 llamadas. Las cuales se han dado por la convivencia con personas agresivas, familiares o del propio hijo. Considerando los últimos años, esto sigue aumentando.

Lamentablemente, el sistema de justicia no es muy eficaz, hay burocracia y corrupción. Las pesadillas que nos narran historia tras historia están determinadas por el desorden público que propicia  inseguridad.

¿El matrimonio dura por amor o por silencio?

En muchas culturas existía una antigua tradición de unir en matrimonio a los hijos de las familias por oportunidades económicas y políticas no por amor. En el matrimonio por amor,  es más reciente, encontrar a la persona correcta puede llegar a nublar tu vista y muchas veces se da por una necesidad de “protección”.

Todas las parejas han tenido que lidiar con asuntos, no menores,  como la infidelidad, la libertad y la falta de comunicación. Lo que lo diferencia en cuestiones género es simple, el hombre no puede ser juzgado o criticado por esas razones, ya que eso lo hace ser más “hombre”, mientras que las mujeres son etiquetadas como “cualquieras” por incumplir al contrato del matrimonio.

Por lo tanto, la mujer al ser denigrada de esa manera, su independencia emocional se liga cada vez más a él, los miedos son alimentados con palabras lastimosas y el amor propio se pierde.

El terreno del hombre es tan extenso que es imposible reconocerlo, generalmente tiene más gozo de libertad, ellos deciden cuándo intervenir, cómo callarlas, qué prohibir sin explicar. Por supuesto las mujeres pueden hacer algo, de eso no cabe duda. El problema es que las han oprimido por mucho tiempo que el acto de cuestionar y enfrentar el problema, es difícil por el mismo miedo.

Actualmente, la idea de las mujeres de querer ser alguien en la vida cada vez se afirma más.  Sí, les atrae la idea de ser madres y criar a los hijos, pero por otro lado están las que sueñan con tener un sustento de vida propio sin depender del hombre y obtener sus gustos y logros con su propio esfuerzo. ¿Hay que juzgarlas por tener ese ideal?

Para nada, es lo contrario, la venda que desde bebes se tenía, se ha caído. Ahora las cartas están puestas por el género femenino, este despertar está ayudando a que la colectividad femenina luche por sus derechos.

El despertar

¿Qué sucede con las mujeres del siglo XXI?

Las prerrogativas de lo que implica ser mujer ya son más que ser ama de casa, es encontrar el poder interno y superarte sin estar atada al ego masculino. El amor propio está incrementando con el apoyo de una sororidad colectiva entre el mismo género, es decir, el apoyo entre ellas crea un despertar, un nuevo amanecer. El campo laboral ya está abierto a más opciones para las mujeres en México, como se puede apreciar en  los porcentajes del INEGI desde el año 2000.D

Desde hace unas décadas se está dando un cambio radical; ya hay esposas, madres, trabajadoras con puestos importantes, entre otras cosas más. La mujer ya puede estudiar y trabajar libremente, sin que les afecten los prejuicios por terceras personas -como son los hombres y los legados anteriores de la familia-. El sentimiento del empoderamiento femenino  ya está arrasando en más de una comunidad, la sororidad se está haciendo presente.

La utopía de la igualdad ya se vive,  pero aún falta mucho. ¿Qué sueña la feminista? ¿Cuál es su utopía perfecta? Todavía nos enfrentamos a varios retos que falta por cumplir el sistema:

  • La sensibilización de los temas dentro de las instituciones, para abrir el debate. Por ejemplo, el análisis sobre las  cuestiones que tienen que ver con la discusión sobre la salud reproductiva y la interrupción voluntaria del embarazo.
  • Mas líderes femeninas en ámbitos políticos, el sistema nos ha vendido una imagen de izquierda.

Los feminismos procuran la visibilización y la transformación de las formas de opresión, dominación, segregación y otras violencias específicas que sufren todos los sujetos. La fuerza de transformación de los feminismos pone en cuestión toda fuerza de conservación de dichas formas de violencia. En ese sentido, toda propuesta que, en nombre del feminismo, subscriba formas sociales, económicas y políticas afines a la conservación y, por tanto, subscriba formas de opresión, dominación y segregación, debe ser cuestionada como feminista.[6]

Mi trinchera, mi espacio

A lo largo de la historia podemos comprobar el avances sociales de las mujeres en todo el mundo: hay artistas, como pintoras, escritoras, bailarinas y poetas alrededor del mundo.  Lo visual también es una manera de canalizar lo que sucede en el mundo. Toda inspiración nace de los problemas personales.

El movimiento de las mujeres en el arte ofrece algo auténtico, está de antemano comprometido con un cambio social real, lo que es señal de un desplazamiento básico de los valores.[7]

De acuerdo a la historiadora de arte Linda Nochlin, las mujeres fueron excluidas de las academia -ni acudir a las sesiones de modelos-, por la representación del cuerpo humano, como si fuera algo obsceno.

No existe un equivalente en mujer de Miguel Ángel o Rembrandt, Delacroix o Cézanne, Picasso o Matisse o, ni quisiera, en épocas más recientes, de De Kooning o Warhol, como tampoco hay equivalentes afroamericanos de estos últimos (…) La culpa no es de nuestro destino, nuestras hormonas, del ciclo menstrual o de nuestros espacios interiores vacíos, sino de nuestras instituciones, del contexto sociocultural y de nuestra educación. Educación entendida como aquello que incluye todo lo que nos ocurre desde el primer momento en el que aparecemos en este mundo de símbolos con sentido de signos y señales. [8]

El fin de todos estos estilos de vida se rigen por la rebeldía, la exposición de todo el mal que se ha reprimido,  las injusticias y los moldes patriarcales que se construyeron a lo largo de nuestra historia. Es momento de nuestra revolución.

Referencias

[8] Linda Nochlin, <<Why Have There Been No Great Women Artist?>> Art News. (Nueva York, 1971).

[7] Lawrence Alloway, 1975.

[6] Begoña González, ¿Qué es el feminismo? Una guía completa para principiantes. (El periódico, 2021)

[5] Redacción, Los psicólogos, expertos en cambio de actitud ante violencia machista. (La Vanguardia, 2019)

[4] Consume hasta morir, PUBLICIDAD MACHISTA: Análisis de publicidad y taller de creación contrapublicitaria. (Colectivo ConsumeHastaMorir, s.f)

[3] María López Villodrez, Tu marido debería ser siempre lo primero: el resurgir del ama de casa sumisa y abnegada que se gesta en Internet. (El país, 2020)

[2] Teresa Morales García, Ellas enamoradizas y ellos inaccesibles. ¿O es al revés? (El país, 2017)

[1] Gilles Lipovetsky, La tercera mujer: pertenencia y revolución de lo femenino (Editorial Anagrama, Barcelona, 1999)

Fotografía y artes plásticas

Les presentamos las siguientes fotografías realizadas por alumnas y alumnos de Diseño Gráfico de cuarto semestre para la  materia de Fotografía, impartida por la maestra Maricela Castellanos. La práctica consistió en seleccionar un artículo sobre alguna corriente de arte y los alumnos tenían que ilustrar el texto con fotografías inspiradas en el tema.
Valeria tomó fotos de bailarinas y las fusionó con los cuadros del pintor impresionista francés Edgar Degas.
Mitzi eligió personajes de la banda musical Gorillaz y los insertó en sus fotografías.
Elisa investigó sobre maquillaje artístico e hizo unos autorretratos.
y  Dharany se inspiró en las pinceladas del gran pintor postimpresionista de los países bajos Vincent Van Gogh, para hacer bodypaint de rostro inspirado en su obra pictórica.