Retratos, las mujeres de hoy

Calladitas no nos vemos

Por: Emilia Sosa

*Alumna de sexto semestre de comunicación

«Esta foto la tome en una de mis primeras marchas, con el corazón latiendo al unísono de todas las mujeres a mi alrededor, un sentimiento inigualable.»

Resistencia

Por: Montserrath Mijangos

*Alumna de sexto semestre de comunicación

La marcha

Por: Joselin Cocom

*Alumna de sexto semestre de comunicación

«Había tantas mujeres en la marcha del 2020 porque el silencio puede perdurar años, pero mientras más se acumule, más resuena.»

Siempre presentes

Por: David Montalvo Romero

*Alumno de 4° semestre de Comunicación

«No existen barreras que nos detengan. Contra los prejuicios y adversidades, siempre sacamos nuestra mejor cara. Nos levantamos en voz y mostramos fuerza.» 

México feminicida

Escrito sobre cortometraje

Por Daniela Acosta Lozano*

https://www.youtube.com/watch?v=KAGnRLPlRk8&t=33s

Mi nombre es Daniela Acosta y hace un par de meses hice un cortometraje que ilustra la realidad de los feminicidios en México. Fue un trabajo difícil, pero que hice y volvería hacer mil veces si eso garantizara abrir los ojos de más personas ante este importante movimiento.

Me introduje al feminismo ya hace bastantes años, entonces cuando me enteré de que el tema del cortometraje que tenía que realizar, debía ser social con gran repercusión actual, me decidí inmediatamente por el feminismo.

Pero no solo el feminismo como movimiento. Mi voz debía servir para las mujeres que la han perdido, al final de todo, ese trabajo se los dedico a ellas.

Ellas, que salieron o no de casa, solas o acompañadas, de falda o pantalón, de noche o de día, mujeres adultas o niñas. A todas ellas a quienes les arrebataron la vida. Mi video es para darles por unos minutos la voz que les quitaron.

Me gusta actuar desde que tengo memoria, entonces no fue un problema para mí ser la protagonista del video. Sin embargo, mis padres no estaban muy de acuerdo. Me han apoyado siempre, y esta vez no fue la excepción, pero estaba muy claro que se sentían un poco incómodos con el tema, pues yo tenía que actuar como la víctima de un feminicidio y ellos, como los familiares que sufren la pérdida. Una imagen que a ningún padre le gustaría tener en mente.

Mi propósito fue realizar un contraste, hablando en un inicio de cómo sería la rutina en un día común si mi personaje estuviera con vida. Para después, cambiar a lo qué pasó cuando murió.

Quise hacer el contraste notorio no solo en mi vestimenta, mis moretones o mi voz, sino también en los colores y los subtonos, cambiando de algo cálido a algo frío en cuestión de segundos, tan rápido como el bombeo del corazón que paró de latir.

Para el final de la producción, mi personaje ya no era sólo un personaje que yo escribí una tarde debido a un proyecto universitario. Sentí a través de ella y deseé con todas mis fuerzas que no me pase nunca.

Ni a mí, ni a mi madre, mis amigas, mis profesoras, conocidas, ni a ninguna mujer más. Vagos deseos que espero algún día se hagan realidad.

Hacer la foto de la desaparición fue un momento amargo, pues pensé en todas las chicas que en ese momento estaban desaparecidas. Me pregunto ahora, meses después, si habrán podido reunirse con sus familias, ya sea en muerte o en vida.

Al terminar el video y presentarlo a mis familiares, la mayoría culminó en llanto. Es comprensible, dado que es un tema tan sensible. Mentiría si dijera que no lloré una de las noches cuando repasaba el guión en mi computadora, pensando en todas las mujeres que fueron arrebatadas de su derecho a vivir.

En México mueren once mujeres a diario. Nada me asegura que, algún día, una de esas once mujeres, pueda ser yo. Por lo tanto, hacer este cortometraje fue algo cercano para mí. Algo que espero haya servido más allá de una buena calificación.

Espero haber ayudado a sensibilizar a más personas acerca del tema, dando la perspectiva de una víctima que tiene la suerte de ser un personaje ficticio, y que al mismo tiempo nos recuerda que nosotros no lo somos.

Y que, si yo soy una víctima real, no tendré la oportunidad de reiniciar el video y volver a vivir. Porque la vida no funciona así.

Hacer este video sin dudas fue una experiencia sumamente grata, que me llenó de conocimientos y perspectivas distintas de la vida. Hacer el guión, editar y grabar mis escenas fue algo interesante, un proceso que definitivamente disfruté. Y el haber hecho conciencia de un tema tan delicado no tiene precio.

Afortunadamente soy Daniela Acosta, y no Julieta Rojas, personaje que murió a manos del México feminicida en mi cortometraje. Afortunadamente tengo vida, y no me la han arrebatado por estar sola en la calle, tener malas amistades o simplemente ser mujer. Tengo voz, y la seguiré usando. Por mis hermanas caídas, las niñas, las hijas, las madres, abuelas. Por todas las mujeres de México. Juntas, alcemos la voz por quienes ya no están.

*Alumna de segundo semestre de Ciencias de la Comunicación

Crónicas de mujeres del siglo XXI

No todas llegamos a casa

Por: Daniela Ramírez Estrella*

Me despierto justo antes de que el sol se asome en el cielo, es viernes lo que significa que tengo que ir a la universidad. Después de bañarme busco en mis cajones la ropa que más me cubra, encuentro mi falda favorita pero rápidamente descarto la idea de usarla pensando en aquella vez que tuve que aguantar más miradas de lo usual por salir con ella.

Una vez lista me despido de mi familia y comienzo la rutina de todos los días: me amarro bien mis tenis por si tengo que correr, mando mi ubicación en vivo a mis papás, guardo bien todas mis cosas, pero siempre teniendo a la mano dinero para el pasaje y un llavero con gas pimienta para finalmente salir de mi casa.

 A pesar de que la parada del camión me queda cerca, no puedo evitar sentir el miedo invadiéndome con cada paso que doy, al ver que hay más mujeres caminando por la avenida me relajo un poco, pero en todo el camino no quito mi mano del gas pimienta que traigo en el bolsillo.

Para mi suerte la combi llega casi de inmediato, subo y suspiro de alivio cuando veo un asiento disponible a lado de un par de señoras. No han pasado ni 5 minutos desde que subí cuando me doy cuenta de que el señor que está sentado frente a mi no deja de observarme, trato de calmarme un poco concentrándome en las publicaciones de Facebook mientras me digo que estoy siendo muy paranoica y exagerada, de todos modos, esta no es ni de cerca la primera vez que me pasa.

Sigo bajando en las publicaciones cuando encuentro un post sobre dos chicas desaparecidas: la mayor de 16 y la más chica de 14, vistas por última vez con uniforme escolar de camino a clases y siento un hueco en mi pecho mientras pienso en mi hermana que pronto tendrá que comenzar a salir sola. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos que por poco no me doy cuenta de que las señoras a mi lado estaban bajando, lo cual me dejaría sola con 3 hombres y el conductor, en cuestión de segundos decidí bajarme con ellas.

Miro a mi alrededor y para mi fortuna me doy cuenta de que estoy a dos cuadras de la universidad, rápidamente le marco a mi mamá para explicarle que me tuve que bajar un poco antes, sé que entiende lo que pasó cuando lo único que me pregunta es si estoy bien, le contesto que sí y que le mandaré mensaje cuando llegue a la universidad. Cuando termino la llamada una de las señoras que venían conmigo en la combi me habla y para mi sorpresa se ofrecen a acompañarme el resto de mi camino. Llegamos a la entrada y les agradezco con un “muchas gracias” ellas solo me sonríen, pero me doy cuenta de su tristeza, entonces comprendo de inmediato. Les vuelvo a agradecer y finalmente entro a la universidad.

Es un día pesado, estudiar ingeniería para una mujer es pesado. No es que me vaya mal, de hecho, siempre he sido excelente académicamente, pero parece que desde que soy estudiante de ingeniería es un suceso sorprendente si yo o alguna de mis compañeras logramos hacer lo mismo que cualquier hombre de la clase. La semana pasada nos asignaron un trabajo en equipo para las evaluaciones finales, a pesar de tener los mismos conocimientos que mis compañeros de proyecto, ellos tenían la necesidad de explicarme cada cosa que hacían e incluso utilizando conceptos más que básicos para una estudiante de sexto semestre, pero eso no es todo, algunos me hablaban con tecnicismos complejos como si quisieran poner a prueba mi conocimiento.

Hoy nos han dado varias calificaciones y me ha ido mejor que a los demás en todas las materias, gracias a esto he tenido que escuchar a lo largo del día teorías e insinuaciones acerca de la razón de mí excelencia académica, cosas que iban desde lo sorprendente que era que una chica haya sido la mejor, o que sólo gracias a mis compañeros de equipo es que tuve buenas calificaciones, hasta comentarios donde insinuaban que yo les hacía favores sexuales a los profesores para tener un promedio excelente. Mientras más escuchaba, más coraje sentía, hablaban de mí como si no estuviera presente, como si fuera inconcebible que una mujer fuese una buena ingeniera, como si la única manera de que una mujer llegue lejos sea a través de venderse sexualmente, al final sólo trato de calmarme recordando que yo sabía que esto iba a pasar cuando escogí estudiar una ingeniería, que sólo estoy exagerando como tantas veces me lo han dicho.

Finalmente es hora de regresar a casa, un par de amigas y yo nos dirigimos a la parada, todas enviamos nuestras ubicaciones a nuestras mamás y a un grupo que tenemos sólo para eso, también me fijo que mi gas pimienta esté a la mano. En el camino ellas hacen planes para la noche, al final deciden que irán a un antro que acaba de abrir hace unas semanas y yo les digo que lo pensaré mientras recuerdo la última vez que salí de antro, era la primera vez que salíamos solo chavas, al principio me estaba divirtiendo con mis 3 amigas hasta que se nos acercó un hombre y nos empezó a incomodar mucho, en ese momento salimos para decidir que hacer y vimos que él venia detrás de nosotras, así que regresamos adentro y volvió a entrar, hicimos esto un par de veces más y confirmamos que nos estaba siguiendo, la paranoia y el miedo de que nos fuera a hacer algo nos invadió a todas así que nos fuimos de ahí.

El transporte de regreso es un poco más seguro, la mayoría de las personas que toman camión a esta hora son mujeres, incluso me doy el lujo de escuchar música con ambos audífonos a un buen volumen y no es hasta que estamos cerca de donde bajo que guardo de nuevo mis audífonos. Caminar a mi casa se siente menos pesado, el miedo sigue ahí pero cada paso que doy recuerdo que estoy a nada de llegar a un lugar seguro. Acelero mi paso mientras me aferro a mi gas pimienta, sin poder soportar ni un momento más mis pensamientos de escenarios imaginarios de lo que me puede pasar y como defenderme.

Cuando por fin entro a mi casa siento alivio al ver a mi mamá y mi hermana, pienso que una vez más todas llegamos a casa, pero esa sensación desaparece en un instante cuando veo sus caras, los ojos hinchados de mi hermana y  una mirada de tristeza profunda de parte de mi mamá. Es evidente que algo malo sucedió, cuando me atrevo a preguntar que pasó, mi hermana corre a abrazarme y con voz quebradiza me cuenta que nadie ha visto a su mejor amiga desde ayer que salieron de la escuela. El miedo constante me invade de golpe de nuevo pero esta vez está mezclado con dolor, un pensamiento cruel pero realista pasa por mi mente: no todas llegamos a casa, nunca llegamos todas a casa.

*Alumna de sexto semestre de Ciencias de la Comunicación